Barack Obama, el hombre que aspira a convertirse en el primer presidente negro de Estados Unidos, nació el 4 de agosto de 1961 en Honolulú, Hawai. Es el único hijo del matrimonio interracial que conformaron Ann Dunham, originaria de Kansas, y Barack Hussein Obama, uno de los primeros africanos que salió de Kenia a estudiar en suelo estadounidense tras años de colonialismo inglés.
Cuando Obama tenía dos años, su padre obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Harvard y no volvió a Hawai. Su madre volvió a casarse años más tarde con un hombre originario de Indonesia, donde Obama vivió algunos años. Más tarde regresó a Hawai y allí terminó sus estudios escolares bajo la tutela y protección de sus abuelos maternos.
Obama empezó su educación universitario en la Universidad de Columbia (Nueva York) y finalmente se graduó en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard (Massachussets). Ejerció como abogado especialista en derechos civiles en Chicago y realizó trabajos comunitarios en zonas empobrecidas de Illinois. Comenzó su carrera política como senador en ese mismo estado, un puesto que ocupó durante ocho años. En el 2004 se lanzó a competir por un espacio en el Senado de Estados Unidos y lo consiguió, convirtiéndose en el tercer afro americano en representar a un estado de la nación en el Capitolio.
Bautizado por algunos como "la gran esperanza blanca", por encarnar el sueño de reconciliación en un país con profundas divisiones raciales, ganó relevancia en el panorama político estadounidense durante la convención nacional del Partido Demócrata en Boston, en el 2004.
Fue allí donde pronunció un sonado discurso en el que instó a cerrar las heridas raciales abiertas en el país, y que le supuso su lanzamiento al estrellato político.
"No hay un Estados Unidos blanco y un Estados Unidos negro, sino los Estados Unidos de América", dijo entonces.
Tras anunciar su intención de competir por la candidatura del partido demócrata –lo que ocurrió en febrero de 2007–, con miras a las elecciones generales de noviembre de 2008, Obama tuvo que enfrentarse al acoso de sus competidores, quienes no le perdonan que a sus 46 años y con sólo un periodo como senador en Washington, haya tenido la osadía de ponerse a la altura de políticos que llevan décadas ocupando puestos muy cercanos al poder gubernamental.
Por otra parte, es precisamente su postura fresca dentro del rancio ambiente del Capitolio y el hecho de pertenecer a una generación nueva de políticos, lo que gusta a sus seguidores. Además de que se ha ganado la profunda simpatía de un sinnúmero de votantes blancos que le agradecen que no les haga sentir culpables con historias pasadas de segregación racial.
Ayudado por un carisma irresistible y una enorme sonrisa, Obama se ha ganado una popularidad similar a la de una estrella del rock, que va en aumento a medida que el candidato recorre Estados Unidos en busca de los votos que le coronen como el nominado por el partido demócrata a la presidencia del país.
A su favor juega también su actitud crítica con la guerra de Irak, a la que se opuso desde antes de la invasión en el 2003.
Sus dos libros autobiográficos 'The Audacity of Hope' (La audacia de la esperanza) y 'Dreams from my father' (Sueños de mi padre) se han convertido en superventas.
Obama está casado con Michelle Robinson Obama, también abogada, y la pareja tiene dos hijas: Malia Ann y Natasha (Sasha).
John McCain, un ex militar de 71 años que fue prisionero de guerra en Vietnam, es hoy por el hoy el claro candidato a ganar la nominación del partido republicano para las elecciones generales de noviembre.
Hijo y nieto de almirantes de la Marina , McCain nació el 29 de agosto de 1936 en una base militar de la provincia de Colón en Panamá, donde su padre prestaba servicio. Con muy pocos años de edad abandonó Panamá, adonde no volvió hasta 1989, como observador de las elecciones que se celebraron ese año, aún bajo el régimen militar liderado por Manuel Antonio Noriega.
Actualmente senador por Arizona, el veterano candidato es un luchador de corazón a quien se le conoce por su sentido común y su carácter franco, lo que le ha llevado a enfrentarse con su partido en temas como la tortura o la guerra de Irak.
En su biografía destacan los más de cinco años, tres de ellos incomunicado, que pasó en un campo de prisioneros de guerra de Vietnam donde fue torturado y donde intentó suicidarse en dos ocasiones.
Fue apresado en octubre de 1967, a los 31 años, después de que su bombardero A-4 Skyhawk fuese derribado sobre Hanoi.
Le rescataron de un lago con los dos brazos rotos y una rodilla destrozada. Los vietnamitas le hubieran dejado morir si no hubieran comprobado que se trataba de un McCain.
Los norvietnamitas trataron de utilizarlo como arma de propaganda al enterarse de que era hijo de un almirante, pero McCain se negó a seguirles el juego. Sus insultos a los guardianes eran habituales, según aseguran los que coincidieron con él en Hoa Lo.
Su negativa a aceptar ser liberado antes que los presos que llevaban más tiempo que él en el campo de detención norvietnamita le valió el respeto y admiración de sus compañeros.
Recuperó la libertad en 1973, cuando regresó a EEUU en muletas y convertido en un héroe. Le esperaba Carol Shepp, una ex modelo de Filadelfia con la que había contraído matrimonio antes de partir para Vietnam y de la que se divorció en 1980. La pareja tuvo un hijo, si bien McCain había adoptado a los dos hijos que Carol tuvo en un matrimonio anterior.
Un mes después de separarse de Shepp se casó de nuevo, esta vez con la hija de un magnate cervecero de Phoenix (Arizona), Cindy Hensley, su actual esposa, con la que tiene cuatro hijos: Meghan, Jack, Jimmy y Bridget, esta última adoptada en Bangladesh.
Los recién casados se asentaron en Arizona, el estado en el que despegó la carrera política de McCain.
En 1982, un año después de dejar su puesto de director de enlace de la Marina con el Senado, obtuvo un escaño al Congreso como legislador por Arizona. Cuatro años más tarde fue elegido senador.
En el 2000 trató, sin éxito, de hacerse con la candidatura presidencial republicana, pero perdió más tarde la batalla con George W. Bush, el actual inquilino de la Casa Blanca.
La dura campaña orquestada contra él por los partidarios de Bush y su incapacidad para conseguir el respaldo de la derecha religiosa ahogaron sus ambiciones presidenciales.
Tras su derrota, regresó al Senado como el republicano de mayor rango del Comité de Servicios Armados.
Durante los últimos años ha sido un firme defensor de la guerra en Irak, aunque no ha dudado en criticar a la Casa Blanca y al Pentágono por lo que ha calificado como mal manejo del conflicto.
Su disposición a enfrentarse a su partido volvió a quedar patente tras salir a la luz los escándalos de tortura por parte del ejército estadounidense en Irak y la prisión militar de Guantánamo (Cuba).
Conocedor de los abusos físicos en carne propia, denunció esas prácticas e impulsó una legislación para prohibir el trato inhumano a los sospechosos de terrorismo en custodia estadounidense.
Sus viejas heridas de guerra y las secuelas de la tortura, agravadas ahora por la artritis, hacen que cojee ligeramente y que no pueda levantar los brazos más arriba del pecho.